Hacia el escalón

 

 

 



Primera aparición en prensa con foto

 

 

En el estudio fotográfico de un buen amgo y batería en el segundo disco
Foto Edi Clavo


Atentos a la prensa
Foto Jorge Cuní

Yo quería que mi hermano fuera el segundo cantante del grupo porque con una imagen completamente diferente teníamos la misma voz, pero desgraciadamente el trabajo estable que encontró fue en Extremadura y cambió la capital de la movida por un pueblo de 15.000 habitantes, se que fue difícil pero lo consiguió.

Mientras seguíamos dilucidando Poch y yo como podía ser el grupo, en Madrid en aquella época todos nos conocíamos, así que empezamos a hablar con Paco Trinidad, un chico que iba siempre vestido con un mono, prenda de moda a finales de los setenta, y que tocaba el bajo en Cliché. No sé si por Paco o yo sólo conocí a Jorge Alfonso, que fue el siguiente que entró en el grupo a la guitarra rítmica. En esa época todos nos movíamos por el Sol, la Vía Láctea y Pentagrama.

Poco a poco iba conociendo a Poch, un personaje encantador y terriblemente zumbado. Vivía con unos amigos en una calle cercana a la casa de mis padres, algunas tardes quedábamos para ir a ensayar al local del Ateneo de Alaska y los Pegamoides. Era un personaje pintoresco, siempre estaba de broma y conocía los sitios más raros, desde restaurantes chinos con menú del día, vino, gaseosa y pan hasta los más glamurosos con música barroca y combinados exóticos.

Iba y venía intermitentemente de San Sebastián, alguna vez vivió en casa aprovechando que mis padres no estaban. La única condición para quedarse en casa era que se bañara porque la cantidad de mugre que llevaba sólo era superada por kike Turmix, otro personaje nómada de la época. Era el perfecto huésped, capaz de levantarse antes que el anfitrión para recoger un poco la casa. Poch había estudiado en el Liceo Alemán de San Sebastián y bajo su aspecto de profesor loco había un hombre muy educado e inteligente, sus ideas me parecían asombrosas por lo práctico, afinaba la guitarra con el tono del teléfono, descolgaba el auricular y así siempre tenía un afinador.

Comenzamos a ensayar los cuatro juntos en los locales del Papi, carretera de barajas. El bar de los locales era tan cutre como el resto. Poch llevaba siempre un radiocasete muy antiguo ya para aquella época y grabábamos los ensayos en casete. Aquello era un ruido continuo, solíamos enchufar las guitarras y la voz al mismo amplificador y yo tenía que cantar en agudos para poderme oír. En aquel bar, el Papi, detrás de la barra, intentaba aconsejarnos sobre como hacer los temas, el tío petardo.

Poch en una de sus vueltas a Madrid tardó más de un mes y buscamos a otro guitarra para poder seguir ensayando. Apareció Jaime que no estaba muy convencido al principio, pero se quedó y se integró muy bien en el grupo. Con el batería tuvimos más problemas, no dábamos con ninguno y probamos a montones. Abrieron los locales de la calle Tablada y nos instalamos en el local de al lado de Alaska y los Pegamoides. Precisamente ellos tenían un batería nuevo, Juan Luis, que como llegaba muy pronto a veces tenía que esperar al grupo y se asomaba por nuestro local para ver lo que hacíamos. Nuestro estilo le gustaba mucho y se lo pasaba muy bien con nosotros. Como buen canario, su forma de tocar la batería era mucho más caliente que el pop puro y duro que le exigían en Alaska y los Pegamoides. Un día decidió seguir con nosotros en lugar de continuar ensayando en el local de al lado.

Cuando volvió Poch traía un sintetizador Korg, con las teclas ya estaba familiarizado porque otro instrumento que estaba investigando entonces era el acordeón. Solíamos ir a el escalón, estaba por Chamartín. Aparecíamos por allí porque el ambiente era muy interesante, estaban todos nuestros amigos y además muchos escritores, fotógrafos y pintores en un local pequeño y acogedor, es lo que recuerdo entre vapores de alcohol. Miguel Ángel Arenas, no confundir con "el capi", y Rolando llevaban la contratación del local y nos convencieron para actuar durante una semana, los nervios empezaron, aquella era nuestra primera actuación.

El segundo día de actuación, Miguel Ángel Arenas (no confundir con "El Capi", porque este Miguel Ángel Arenas era fundamental en la movida madrileña, organizando conciertos en el escalón y en la sala Carolina de Estrecho, y nunca se lo agradeceremos lo suficiente), llevó allí sin previo aviso a The Beat americanos, los de Paul Collins. A ellos les hizo mucha gracia un local pequeño, con escenario. Tocaron con nuestro equipo recordando sus viejos tiempos, se lo pasaron muy bien, el bajista lloraba de risa tocando el bajo marca Eko de Paco Trinidad del tamaño de una guitarra eléctrica. Nosotros, cuando llegamos y los vimos de teloneros nuestros, empezamos a sufrir. Estaban cambiando los niveles de todos los instrumentos y allí estaba la plana mayor de la CBS y la de Hispavox. Encima nosotros tendríamos que tocar después de ellos, glup, estábamos acojonados. Salimos a actuar y bailando ska nadie notó nuestros nervios en la primera canción, con las restantes todo salió bien. Al final se nos acercó Miguel Blasco de Hispavox a hablar con nosotros sobre un posible contrato, a nosotros se nos quedaron los ojos como platos: el segundo día que actuábamos y un contrato con Hispavox.

Esa semana apareció en El País el comentario de la actuación de The Beat en un local pequeño y nos nombraba, decía que nuestra actuación, pese a ser después de la de los Beat y de un grupo que empieza, no fue un desastre. Fuimos a Hispavox, nos enseñaron los estudios donde estaba grabando Nacha Pop, amigos de Pentagrama, con Teddy Bautista como productor (más conocido actualmente como Don Eduardo en la SGAE). Firmamos un contrato abusivo como buenos pardillos con Blasco en Hispavox para cinco años y así empezamos a darnos cuenta de lo que era el mercado musical..

   
 

HARTOS DE HISPAVOX